Nos equivocamos la primera vez. La segunda ... decidimos esperar

Cuando comenzamos a salir, yo tenía 17 años y él, 20. Después de 50.000 idas y venidas típicas de esas edades, dos años más tarde decidimos salir en serio (todo lo serio que se puede a los 17 años) y efectivamente salimos en serio. Para nosotros salir "en serio" consistía en no dejarlo a la primera discusión y hacer vida de "matrimonio". Equivocadamente dejamos a nuestros amigos de lado y nos dedicamos a mirarnos el uno al otro perdiéndonos todo lo que estaba pasando a nuestro alrededor. La intensidad de la relación hizo que de unos besos, pasáramos a otros besos, caricias... y meses más tarde a entregarnos el uno al otro (vivir en piso no ayudó a esperar). A nivel sexual habíamos llegado a mucho, sin embargo a nivel afectivo nos quedaba mucho por recorrer. Era como llevar una vida de mayores siendo estudiantes, pero  ¡cómo nos íbamos a casar con 20 años! Habíamos volado en avión en un sentido y en otro íbamos en burro. Pero la historia se acabó dos años después. Fue muy duro, verle, saber que nos habíamos entregado todo y que eso se había acabado. Yo ya no era la misma, y lo más valioso que tenía para dar, ya no me pertenecía, ya lo había perdido. ¿Cómo se iba a acabar si habíamos llegado a darlo todo? Pues sí se acabó, pensábamos que iba a ser para siempre y se había acabado, empecé a pensar que el amor verdadero y para toda la vida no era posible que existiera!!! Retomamos nuestras vidas por separado, Erasmus, EEUU, Europa...maduramos por separado, nuevos amigos, nuevos trabajos, nuevos novios. Pero años después nos volvimos a encontrar. Vimos que juntos la vida podía ser mucho mejor. No fue fácil volver y contarnos cómo habíamos vivido estos años pasados, nos costó tomar la decisión y salían fantasmas del pasado. Pero hubo un día que dijimos "o sí o no". Y optamos por el "sí".  Y decidimos darnos una segunda oportunidad. Pero esta vez iba a ser diferente. A pesar de las grandes tentaciones, DECIDIMOS QUE ESTA VEZ SÍ ESPERARÍAMOS, no queríamos volver a pasar por lo mismo. Era el único modo de conocernos tal cual éramos, partiendo del respeto hacia nosotros y hacia nuestras decisiones. Seis meses después nos comprometimos y la vida se volvió maravillosa, plena, ordenada y ajustada a nuestra madurez. Un tiempo después, la semana antes de la boda, decidimos no vernos y así el día de la boda sería aún más especial. Cada día es un nuevo comienzo, sólo depende de tu voluntad. Ahora sí podemos decir que de verdad SOMOS AMANTES FOREVER & EVER.